En la incesante búsqueda de la eficiencia, y a veces de la rentabilidad, los sistemas sanitarios modernos han caído con frecuencia en la trampa de la estandarización masiva. Se diseñan protocolos rígidos que, si bien son útiles técnicamente, tienden a tratar a los pacientes como si fueran máquinas idénticas y con contextos personales idénticos.
Frente a esta realidad, el Nuevo Humanismo invita a tener en cuenta uno de sus principios más importantes: reconocer la diversidad personal y cultural, afirmando las características propias de cada pueblo y condenando toda discriminación que se realice en razón de las diferencias económicas, raciales, étnicas y culturales.
Aplicar este principio a la salud pública significa modificar la creencia de que a todos nos sirve exactamente el mismo molde y construir un sistema que respete esa singularidad humana.
No hay enfermedades idénticas, hay personas y contextos diferentes
Una característica de la medicina deshumanizada es tratar patologías aisladas, olvidando a quien las padece y a su entorno. La medicina humanista, por el contrario, parte de una premisa distinta: no se tratan enfermedades iguales en personas iguales, sino que se trata a personas diferentes que viven en situaciones diferentes, aunque la patología de base sea la misma.
Un diagnóstico idéntico puede vivirse con terror, con resignación o con esperanza dependiendo de la historia vital de cada individuo y también de las creencias e intangibles de su entorno más cercano. Por ello, cada paciente merece una atención individualizada y adaptada a sus circunstancias concretas, sin olvidar su contexto cultural y social. Desde la mirada de un modelo biopsicosocial, no se puede ignorar la gran importancia que tiene el entorno cotidiano en las reacciones de las personas a los tratamientos de salud. No se trata de tener en cuenta únicamente las condiciones económicas o sociales de la persona, sino también las creencias y valores de su entorno cultural.
La diversidad cultural como riqueza, pero…
En sociedades cada vez más globales y diversas, las diferencias culturales a menudo son vistas por el sistema sanitario como una dificultad o como una barrera. El enfoque humanista plantea que, a pesar de las dificultades, la práctica sanitaria debe aceptar esa diversidad e incorporarla en sus procesos y metodologías.
Un sistema de salud verdaderamente público y universal debe adaptar sus decisiones clínicas a los valores, creencias y modos de vida de cada persona. Sin embargo, también es cierto que hay ocasiones en que esos intangibles personales, propios del origen cultural de cada persona y de su familia o entorno más cercano, se oponen claramente a los principios más fundamentales del respeto a las personas: discriminación de la mujer en el seno familiar, violencia física contra los más pequeños de la casa y otras prácticas de violencia contra el cuerpo humano (ablación o mutilación genital…, etc.).
Para nosotros es innegociable que el respeto a la diversidad cultural no puede estar por encima de actuaciones de violencia física o psicológica contra las personas, contra su dignidad ni contra su cuerpo, por mucho que sean “costumbres” arraigadas en las culturas de origen. Esto no apunta a ninguna cultura en concreto. La nuestra, la cultura occidental, también muestra multitud de formas de violencia fuertemente enraizadas en muchas familias, pero a ningún profesional se le ocurriría “respetar” tales actitudes por una cuestión de respeto a la diversidad cultural.

Políticas de salud adaptadas a la realidad
Con estas reflexiones queremos apuntar a la necesidad de desarrollar enfoques específicos en el ámbito de la salud atendiendo a la diversidad. No estamos hablando solo de “diversidad cultural”. También hablamos, por ejemplo, de las diferentes formas de la discapacidad física o mental (ahora llamada “diversidad funcional”); o la atención particular a la «salud de la mujer» con todas sus especificidades; o de la atención a las personas de escasos recursos y las grandes dificultades que enfrentan en sus contextos cotidianos. No olvidemos que la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad corporal, sino que hay que tener en cuenta el entorno cercano que tanto influye en las personas. Las políticas de prevención y cuidado no pueden diseñarse ignorando las realidades de los barrios periféricos, de las zonas rurales o de las minorías del tipo que sean.
Este principio del Nuevo Humanismo nos recuerda que la estandarización médica puede llegar a ser discriminatoria para algunas personas. Superar esa discriminación y abrazar la diversidad no es solo un reclamo social; es una necesidad clínica. Solo cuando el sistema de salud sea capaz de mirar a cada paciente reconociendo su contexto, su cultura y su biografía irrepetible, habremos logrado una sanidad verdaderamente humana y universal.
Algunos ejemplos
En España podemos encontrar algunos ejemplos de integración intercultural en la atención de salud. Un caso es Salud entre culturas en Madrid (https://www.saludentreculturas.es/), un equipo multidisciplinar de salud pública y migración especializado en salud de personas migrantes, medicina tropical, mediación intercultural e investigación. Tiene una estrecha vinculación con el Hospital Universitario Ramón y Cajal, al CIBERINFEC y a diversas universidades y organismos internacionales.
Ya mencionado en otros artículos, los equipos de Médicos del Mundo (acceso a la salud) también se especializan en integración intercultural, facilitando el acceso a las personas migrantes a los distintos recursos de atención, atención sanitaria y social. Apuestan con claridad por esta mirada biopsicosocial de la salud, atendiendo también a las necesidad informativas de esa población.
En algunos de los grandes hospitales de Catalunya ya se han implementado, o se están implementando, equipos de “mediación” intercultural para las personas que acuden a cualquiera de sus servicios. En el caso del Hospital Clínic de Barcelona hay un servicio de mediación que proporciona apoyo a los equipos asistenciales facilitándoles la comunicación con personas con las que existe una diferencia idiomática y/o cultural insalvable, ayudando a los/las pacientes a la comprensión y a la adherencia a los tratamientos, entre otras acciones.
El caso de Guipuzcoa ha puesto en marcha un proyecto piloto para mejorar la atención a través de la mediación impulsado por la Diputación Foral, Osakidetza, Biogipuzkoa y la Fundación del Colegio Oficial de Médicos de Guipuzcoa.
En Latinoamérica
En Latinoamérica, la Organización Panamericana de la Salud ( www.paho.org ) dispone de multitud de documentación, comunicaciones y guías que deberían ser una referencia para los países de la región. La OPS reconoce la necesidad de hacer frente a las diversidades étnicas, sociales y culturales que existen a lo interno de los Estados Miembros y las unidades técnicas para crear políticas y servicios de salud accesibles a poblaciones enteras. Las políticas públicas deben asegurar la participación de las poblaciones involucradas, el respeto de los derechos humanos, la interculturalidad y la igualdad de género, sobre todo en el caso de poblaciones indígenas, numerosas en multitud de países de la región.
Un ejemplo muy claro de esto es el Hospital de Atalaya, un emblema de la estrategia de salud intercultural del Perú. Es el único hospital intercultural de Perú, está en la región amazónica de Ucayali y atiende a 60.000 personas de cinco etnias originarias. A través de los diálogos interculturales y la participación con las comunidades nativas, sus servicios están adaptados a las comunidades locales: la señalética en idiomas originarios, el parto vertical incluido, el sabio indígena desempeña un rol y acompaña a los pacientes, la medicina tradicional y ancestral está incorporada, el hospital dispone de un biohuerto, y el personal médico y de enfermería está específicamente formado en interculturalidad. Además del hospital, en Perú hay también 271 establecimientos de salud interculturales.
No os perdáis el maravilloso vídeo en el que explican su experiencia, todo lo que han desarrollado y el agradecimiento de las personas que allí se atienden.
Imágenes creadas con IA

