El conocimiento superador de prejuicios

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El conocimiento en el campo de la salud

El principio número 4 del Humanismo Universalista fue formulado por Silo en 2005 de esta manera: el Nuevo Humanismo «auspicia la tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de todas las limitaciones impuestas al pensamiento por prejuicios aceptados como verdades absolutas e inmutables«. La idea que subyace es la de superar las limitaciones del conocimiento para alcanzar un desarrollo intelectual libre y crítico. En el contexto de la salud, este principio se traduce en una transformación de la práctica médica, la investigación y la organización sanitaria, con las siguientes conclusiones clave:

  1. La salud requiere una actitud científica abierta y crítica que promueva la investigación honesta, la revisión continua de prácticas clínicas y la integración de evidencia científica con experiencia profesional y valores humanos.
  2. El conocimiento en salud debe ampliarse más allá de lo biomédico para incluir la comprensión del sufrimiento humano, la salud mental, la experiencia subjetiva del paciente, los determinantes sociales, los determinantes ambientales y la situación existencial de la persona. El contexto del individuo es tan importante para la salud como las condiciones fisiológicas.
  3. La medicina humanista supera la estandarización excesiva mediante la personalización del cuidado, adaptando las decisiones clínicas a los valores y circunstancias de cada paciente, siempre que estos no se opongan a los principios humanistas fundamentales.
  4. El acceso universal al conocimiento científico es un pilar fundamental, lo que implica desafiar modelos de negocio que privatizan el conocimiento médico financiado con fondos públicos, como denuncia el caso de Sci-Hub y otras iniciativas de acceso abierto.
  5. La autonomía del paciente se fortalece cuando el conocimiento médico se comparte de manera transparente y libre de sesgos, permitiendo decisiones informadas y compartidas.
  6. Los sistemas sanitarios deben priorizar el bienestar integral (físico, mental, social, ambiental y existencial) sobre indicadores económicos o administrativos, lo que requiere un conocimiento libre de las limitaciones impuestas por rígidos modelos institucionales.

En el contexto filosófico, este principio se alinea con tradiciones del librepensamiento, el escepticismo metodológico y el racionalismo crítico, pero con un enfoque específico en la acción transformadora (auspiciar) más que en la mera reflexión teórica.

La difusión científica a examen

Esta acción transformadora se concreta en la búsqueda de una investigación sin conflictos de intereses reales, con transparencia y honestidad; publicando los estudios que no dieron el resultado esperado; evaluando críticamente las prácticas clínicas a la luz de las nuevas evidencias; combinando evidencia científica con experiencia profesional y valores humanos, éticos y compasivos; y adoptando nuevas tecnologías cuando demuestren mejorar la calidad de vida de las personas, al margen de intereses comerciales.

Dimensión bio-psico-social

En cuanto a la dimensión humana, este principio pretende comprender el sufrimiento humano mirando más allá de la simple dimensión biológica de la salud, prefiriendo un enfoque bio-psico-social de la salud que supere la antigua dualidad cuerpo-mente. Busca valorar la narrativa del paciente como fuente de conocimiento válida, más allá de un simple dato subjetivo. Necesita reconocer que los elementos ambientales, económicos o culturales tienen una enorme importancia en la salud de la persona; y no menos importante, debe aceptar que la situación existencial de la persona, es decir, con respecto al sentido de su vida, es un factor muy importante en la salud y en el desarrollo vital de las personas.

En cuanto a la dimensión social, este principio aspira a garantizar el acceso universal a la información científica por encima de barreras económicas o tecnológicas; a involucrar a las propias comunidades científicas en la definición de prioridades en salud; y a promover una transparencia institucional que permita auditar las decisiones basadas en las evidencias accesibles.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha promovido un enfoque de salud pública basado en derechos humanos reconociendo el derecho a conocer los determinantes de la salud y las opciones de tratamiento, el derecho a involucrarse en decisiones que afectan la salud propia y comunitaria, y el derecho a superar prejuicios en el acceso a los servicios de salud.

Sin embargo, estas acciones transformadoras en el campo del conocimiento chocan con prejuicios, valores y creencias de la época y de la cultura. En muchos casos no será fácil aceptar ideas como que el sentido existencial de la persona es un factor a tener en cuenta en la salud. Incluso los profesionales con buena intención pueden tener prejuicios implícitos que afectan a sus decisiones.

El poder del dinero

Tampoco será fácil abrir el conocimiento que atesoran las grandes editoriales a todo el mundo. La industria farmacéutica y los seguros médicos tienen interés en mantener modelos de conocimiento cerrados y, sobre todo, patentes que impidan la expansión de nuevos medicamentos amparándose en el coste y retorno de la investigación.  A esto se añaden las prácticas fraudulentas que se utilizan para manipular el mercado y los precios “renovando” las patentes con cambios menores (evergreening), incluso pagando a los fabricantes de genéricos para posponer su entrada al mercado (pay-for-delay) o creando nuevas variantes o versiones de patentes antes de que expire la original, retirando el producto anterior y colocando en el mercado el nuevo producto (product hopping).

Las patentes en la industria farmacéutica se utilizan para bloquear la competencia y mantener el monopolio comercial sobre medicamentos, incluso cuando estos han sido desarrollados con fondos públicos. Esto dificulta el acceso a medicamentos esenciales y restringe la difusión del conocimiento científico subyacente.

Un ejemplo concreto es este: el documento «The Public and the Private in Biopharmaceutical Research» (Duke University, 2001) explica cómo «las patentes sobre descubrimientos tempranos (como secuencias de ADN o proteínas) obstaculizan la investigación posterior al permitir a los dueños cobrar precios elevados por su uso, excluyendo a investigadores que no pueden pagar. Esto es especialmente problemático en biomedicina, donde el progreso científico depende de avances previos«.

Las patentes no solo protegen productos finales, sino también herramientas de investigación básica (ej.: líneas celulares, métodos de diagnóstico), lo que limita el acceso a un conocimiento fundamental para otros científicos y nuevas líneas de investigación basadas en líneas básicas.

Esta lógica perversa solo se puede sostener en un contexto de violencia económica que tiene como interés prioritario los beneficios de los inversores y las empresas. Por otro lado, los sistemas de salud, incluso los públicos, están estructurados alrededor de jerarquías y protocolos que pueden ser reacios al cambio, aunque esta dificultad es mucho menor que la anterior.

Riesgo de relativismo

Una crítica potencial a este principio es que, llevado al extremo, podría interpretarse como un relativismo epistemológico donde «todas las opiniones son válidas». Sin embargo, el Nuevo Humanismo no propone esto. No es relativismo, porque el conocimiento debe basarse en evidencia y razón, no en opiniones arbitrarias. No es anarquía, porque la libertad de pensamiento no implica ausencia de rigor metodológico. Es crítica constructiva, se trata de cuestionar prejuicios, no de rechazar todo conocimiento establecido.

En medicina, al igual que en otras ciencias, existe una tensión entre la tradición, el conocimiento acumulado durante siglos, y la innovación, los nuevos descubrimientos que pueden contradecir o modificar la tradición. Este principio propone integrar ambos mediante una actitud crítica que evalúe cada conocimiento por su mérito, no por su antigüedad o novedad.

En un mundo donde el conocimiento médico está cada vez más concentrado en manos de unas pocas corporaciones y donde los sistemas de salud priorizan indicadores económicos sobre el bienestar humano, el principio del Nuevo Humanismo propone un camino alternativo: el conocimiento como bien común, la ciencia como herramienta de liberación y la salud como expresión del valor supremo de la vida humana.

La implementación de este principio enfrenta desafíos significativos, desde resistencias institucionales hasta tensiones epistemológicas, pero su potencial para humanizar la medicina y democratizar el conocimiento lo convierte en una propuesta relevante para el siglo XXI.


https://www.consalud.es/salud35/analisis/lado-oscuro-sector-farma-patentes-prolongadas-precios-inflados-acuerdos-encubiertos.html

Ambati, M., & Munipalle, P. (2025). Anticompetitive Practices in the Pharmaceutical Industry: Market Dynamics, Trading Strategies, and the Role of Short-Selling in Promoting Accountability. OSF Preprints. Enlace: https://doi.org/10.31219/osf.io/8rd7w_v1

Eisenberg, R. A., & Rai, A. K. (2001, November). The Public and the Private in Biopharmaceutical Research. In Proc. Conference on the Public Domain, Duke University, Durham, North Carolina (pp. 157-175).

Imágenes creadas con IA


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