Hacia un modelo integral de salud para las personas mayores

Hacia un modelo integral de salud para las personas mayores
(Imagen de Pasja1000 Pixabay)

“Si el ser humano en la vejez pierde su valor social, si es marginado de la vida común, del circuito del deseo, se transforma en una especie de sujeto en suspensión, un sujeto sin proyectos, sin futuro, solo con un pasado…a ojos de la sociedad tan sólo un cuerpo en decadencia y una carga social. Sólo si se le escucha se percibe su singularidad. Por eso debemos ser menos críticos con el propio cuerpo y si más críticos con los estereotipos y prejuicios sobre la vejez” Blanca Doménech (Psicoanalista)

Por Celeste Quiroga*

Reflexionar acerca de un Modelo de Atención Integral de la Salud de las Personas Mayores, como conjunto de acciones que promueven y facilitan la atención eficiente, eficaz y oportuna, nos lleva a pensar en tres grandes enfoques: Enfoque de Derechos, Enfoque de la Singularidad y Enfoque Interdisciplinario.

Cuando se habla de Enfoque de Derechos, se hace referencia a sujetos de derecho y protección, y no a objetos de tutela. Las personas mayores no son vulnerables per se, son personas que están en situación de vulnerabilidad por las condiciones estructurales de desigualdad. Son vulneradas por entornos sociales que no se encuentran adaptados a sus necesidades. El reto está en poder poner en marcha entornos saludables, favorables y accesibles, con apoyos que no vulneren sus derechos y favorezcan su participación.

Asimismo, desde el Enfoque de la Singularidad, deberíamos hablar de “vejeces”, en términos heterogéneos. Trascender el intento de homogeneizar a un grupo de personas, como si la edad nos unificara de alguna manera, como si a partir de un determinado momento del curso de la vida, todos tuviéramos que pensar, sentir y hacer lo mismo. Así como no hay dos personas iguales, no hay dos personas que envejezcan de la misma manera. Es por esto que debemos reconocer, desde el principio de igualdad y no discriminación, la diversidad y el respeto por la otredad. Cada persona es única, y es el resultado de su “historia personal” (singularidad) y de la vivencia de su “situación de desarrollo” (percepción del riesgo, estilos de afrontamiento, factores protectores). Sin duda, intervenir con empatía, teniendo en cuenta la singularidad de cada quien, es humanizar nuestras intervenciones, es poder acompañar a los sujetos en los procesos de transformación y cambio social en salud, teniendo en cuenta el contexto, la historia de vida, las capacidades, las potencialidades y los recursos de cada persona mayor y su entorno.

Por último, la mejor manera de concebir actualmente las intervenciones en salud, es a partir de un Enfoque Interdisciplinario.

Si nos detenemos a pensar en la complejidad del mundo actual, es imposible que se puedan generar acciones asertivas desde la soledad de lo disciplinar. Si nos reconocemos como seres bio-psico-sociales y espirituales, complejos e incompletos, debemos pensar en términos de multidimensionalidad, y es entre muchos y diversos saberes que podremos construir respuestas complejas a problemas complejos. Esto implica un compromiso ético y moral, trabajar con otros no es sencillo, pero si reconfortante, es hablar de corresponsabilidad de la tarea, abandonando la naturalización del recorte que cada disciplina efectúa. Es trabajar en equipo en términos de generación de conocimiento, a través de la discusión, la reflexión conjunta y la construcción de un vínculo donde exista respeto y comprensión por las situaciones de cada disciplina, del contexto político, social y laboral actual, reconociéndonos como pares.

Ahora bien, comprometerse con estos enfoques es asumir la tarea de promover, impulsar y consolidar acciones humanizadoras, es respetar la voluntad de las personas mayores sin reducirlas a un cuerpo biológico sino, tener en cuenta cada trayectoria de vida en su conjunto. La clave está en el respeto de los Derechos Humanos, la Justicia y la Igualdad de condiciones, esto implica que las Personas Mayores tengan el control sobre sus vidas, sus procesos y sus proyectos personales. Que tengan derecho a vivir con dignidad hasta el último día de sus vidas, que la muerte social no anteceda a la muerte biológica. Que sea respetada su Autonomía, su Autodeterminación y su Voluntad.

Detengámonos un momento en una pequeña reflexión entre Autonomía y Dependencia, dos términos que parecen antagónicos unidos por un puente que podemos denominar “Interdependencia”. Si partimos de la condición humana de vulnerabilidad, necesitamos reconocer que todos los seres humanos somos interdependientes. Las situaciones de dependencia se dan en todas las etapas de la vida (por edad, por estado de salud, o simplemente por necesidades afectivas y emocionales cotidianas), entonces aparece la “idea de interdependencia de todos los seres humanos en el cuidar/se: precisamos cuidarnos y cuidar unas personas de otras.

Como expresa Martin Palomo y Muñoz Terron: “Más que una división estricta entre personas dependientes y autónomas, podemos decir que, cada existencia es un nudo de una red compleja de relaciones de cuidado en la que cada una es cuidada y cuidadora según el momento o circunstancias. Aceptar esta perspectiva supone asumir nuestra vulnerabilidad constitutiva como seres humanos” .

Frente a la prevalencia de intervenciones que deterioran, vulneran y fragilizan a las Personas Mayores, debemos reconocer que la accesibilidad a los servicios de salud, la promoción, la prevención y el cuidado no es sólo un derecho, sino una obligación de los equipos de salud garantizarla. Quienes formamos parte tenemos la responsabilidad de planificar y gestionar para un sistema sanitario más equitativo y más justo, fundado en el principio de igualdad y no discriminación.

*Trabajadora Social. Especialista en intervención y gestión gerontológica

21.10.2020 – Buenos Aires, Argentina – REHUNO – Red Humanista de Noticias en Salud

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