Un análisis desde el método estructural dinámico para repensar cómo entendemos la salud, la enfermedad y la ciencia.
El dilema de la psiquiatría contemporánea
La psiquiatría moderna enfrenta una paradoja fundamental: ¿son las categorías diagnósticas como la «esquizofrenia» o la «depresión» reflejos de realidades biológicas objetivas, o son construcciones sociales y culturales? Este debate, central en el artículo The Postmodern Worldview and Contemporary Psychiatry de S. N. Ghaemi y M. L. Ruffalo (2026), trasciende la disciplina médica y plantea preguntas clave sobre la naturaleza del conocimiento científico, especialmente cuando el objeto de estudio —el ser humano— es tan complejo como el sujeto que lo investiga.
El artículo cuestiona cómo la psiquiatría ha incorporado elementos del pensamiento posmoderno, incluso cuando se presenta como una ciencia objetiva. Los autores señalan que, aunque el DSM (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) garantiza fiabilidad (consistencia entre diagnosticadores), esto no asegura su validez (que lo que se mide corresponda a una realidad subyacente). Una báscula que siempre marca 10 kilos de más es fiable, pero no válida. Esta distinción, crucial en ciencia, adquiere un matiz especial en salud mental, donde los fenómenos no son tan tangibles y observables como una bacteria.
La crítica al DSM y al modelo biopsicosocial: ¿fiabilidad sin validez? La trampa de la clasificación
El artículo parte de una idea clave: «que una clasificación sea construida subjetivamente no significa que aquello que clasifica también sea subjetivo». Los autores usan el ejemplo de la tuberculosis: el ser humano inventó la palabra, pero no la bacteria Mycobacterium tuberculosis. Sin embargo, en psiquiatría, la construcción de categorías como «esquizofrenia» o «trastorno bipolar» no resuelve si estas corresponden a entidades reales o son meras convenciones útiles. La pregunta central es empírica: ¿existe una base biológica, psicológica o social que justifique estas categorías, o son herramientas pragmáticas sin correlato objetivo?
Esta ambigüedad se agrava porque, a diferencia de las enfermedades infecciosas, los fenómenos psicológicos no son directamente observables. No podemos ver el «dolor» o la «tristeza» bajo un microscopio, pero su realidad es innegable para quien los experimenta. Aquí surge el primer conflicto: ¿cómo validar lo que no puede medirse de forma directa?
El modelo biopsicosocial: ¿eclecticismo o falta de teoría?
El modelo biopsicosocial, propuesto por George L. Engel en 1977, intentó superar el reduccionismo biológico de la medicina tradicional al incorporar dimensiones psicológicas y sociales. Sin embargo, Ghaemi y Ruffalo critican que, en la práctica, este modelo suele aplicarse como un «inventario» de factores (biológicos + psicológicos + sociales) sin una teoría clara sobre cómo interactúan estos niveles o qué evidencia debe prevalecer cuando entran en conflicto.
El resultado es un pluralismo sin criterios: diferentes profesionales priorizan explicaciones distintas sin un marco común para resolver discrepancias. Esto genera una sensación de «caos» metodológico, donde la subjetividad del clínico termina llenando los vacíos teóricos. Los autores advierten que pluralismo no debe confundirse con relativismo: admitir múltiples perspectivas no implica que todas sean igualmente válidas.
Más allá del objetivismo y el relativismo: una tercera vía
El artículo oscila entre dos extremos:
- Objetivismo ingenuo: Asume que nuestras categorías pueden reflejar la realidad de forma directa (ejemplo: «la esquizofrenia existe porque está en el DSM»).
- Relativismo posmoderno: Niega la existencia de una realidad independiente de nuestras construcciones (ejemplo: «la esquizofrenia es solo un constructo cultural»).
Sin embargo, existe una tercera posición, más fértil y alineada con el método estructural dinámico:
- Realismo ontológico: Existe una realidad independiente de nuestras descripciones (ejemplo: el sufrimiento psicológico es real, aunque no sea tangible).
- Constructivismo epistemológico moderado: Nuestro acceso a esa realidad está mediado por conceptos, lenguaje, instrumentos y contextos históricos. No creamos la realidad, pero sí las herramientas para comprenderla.
Esta postura intermedia reconoce que:
- Las categorías son construcciones (ejemplo: «depresión» es un concepto creado por el ser humano).
- Pero intentan captar regularidades reales (el sufrimiento asociado a la depresión no es una ilusión).
La propuesta estructural dinámica: salud como sistema complejo
Aquí es donde el método estructural dinámico —inspirado en el pensamiento de Mario Rodríguez Cobos (Silo) y el Nuevo Humanismo— ofrece un marco más robusto. Este enfoque entiende los fenómenos no como objetos aislados, sino como estructuras de relaciones en constante dinámica. Aplicado a la salud, implica:
Superar la dicotomía objeto-sujeto
En psiquiatría, el objeto de estudio (el paciente) no es pasivo: interpreta, modifica y responde a las categorías con las que se le describe. Una bacteria no cambia su comportamiento porque cambie su diagnóstico, pero una persona sí puede alterar su autocomprensión, conducta o relaciones al ser etiquetada como «deprimida» o «ansiosa». Esto introduce una retroalimentación entre el observador (el clínico) y lo observado (el paciente), que el objetivismo clásico ignora.
Los tres niveles como sistema integrado
El modelo biopsicosocial suele presentarse como tres «capas» (biológica, psicológica, social) que se suman. Sin embargo, una perspectiva estructural dinámica los entiende como niveles de organización que interactúan:
- Biológico → Psíquico: El estrés psicológico puede alterar procesos fisiológicos (ejemplo: úlceras por ansiedad).
- Psíquico → Social: La depresión puede afectar las relaciones interpersonales.
- Social → Biológico: El aislamiento social debilita el sistema inmunitario (evidencia de la psiconeuroinmunología).
La pregunta ya no es «¿qué nivel explica el fenómeno?», sino «¿cómo interactúan estos niveles y bajo qué condiciones?». Por ejemplo, la psiconeuroinmunología demuestra que factores psicológicos (estrés) y sociales (apoyo comunitario) modulan respuestas biológicas (sistema inmunitario).
La experiencia subjetiva como evidencia
Un aspecto revolucionario de este enfoque estructural y dinámico es integrar la primera persona (la experiencia vivida, el registro personal) como parte del fenómeno a estudiar. En salud mental, no basta con medir síntomas externos (ejemplo: llanto, aislamiento); hay que incluir la experiencia interna (tristeza, desesperanza). Esto no niega la objetividad científica, sino que amplía sus métodos para abarcar dimensiones antes ignoradas.
Hacia una ciencia madura de lo humano
El artículo de Ghaemi y Ruffalo identifica correctamente un problema: la falta de una teoría clara sobre las relaciones entre los niveles biopsicosociales. Pero su solución —reafirmar el objetivismo clásico— es insuficiente. La alternativa es evolucionar hacia una objetividad más compleja, capaz de estudiar:
- Fenómenos no observables directamente (como el dolor o la intención).
- Sistemas con retroalimentación (donde el observador y lo observado se influyen mutuamente).
- Estructuras dinámicas (no estáticas, sino en constante cambio).
Esto no implica abandonar el rigor científico, sino ampliar sus herramientas. La física, por ejemplo, trabaja con entidades no observables (como los quarks) usando indicadores indirectos. En psicología, podríamos hacer lo mismo:
- Indicadores externos: Conductas, biomarcadores.
- Indicadores internos: Experiencia subjetiva (medida con escalas validadas o métodos cualitativos).
- Contexto: Factores sociales y culturales observables.
Conclusión: El reto de la complejidad
El debate entre objetivismo y subjetivismo en salud refleja un desafío más amplio: cómo construir conocimiento sobre sistemas complejos, donde las partes interactúan de formas no lineales. El modelo biopsicosocial no es el problema; el problema es su aplicación como un simple inventario en lugar de como un modelo estructurado y dinámico.
La solución no está en elegir entre «realidad objetiva» o «construcción social», sino en estudiar la estructura de relaciones que hace que una realidad humana sea conocida, categorizada y transformada. Esto requiere:
- Teorías más precisas sobre cómo interactúan lo biológico, lo psicológico y lo social.
- Métodos innovadores que integren evidencia objetiva y subjetiva.
- Una ciencia humilde, que reconozca sus límites pero no renuncie a la búsqueda de verdades imparciales pero contextualizadas.
Como señalaba Silo en su obra, el ser humano es un sistema abierto en permanente interacción con su entorno. La salud, por tanto, no puede entenderse como un estado estático, sino como un proceso dinámico donde lo biológico, lo psicológico y lo social se co-construyen.
Referencias
- Ader, R. (Ed.). (2007). Psychoneuroimmunology. Academic Press.
- Engel, G. L. (1977). «The need for a new medical model: A challenge for biomedicine». Science, 196(4286), 129–136. DOI:10.1126/science.847460
- Ghaemi, S. N., & Ruffalo, M. L. (2026, 9 de septiembre). The Postmodern Worldview and Contemporary Psychiatry. Psychiatric Times.
- Kandel, E. R. et al. (2021). Principles of Neural Science (6th ed.). McGraw-Hill.
- Silo. (1975). Fundamentos del Pensar. Corfú.
- Rodríguez Cobos, M. (Silo). (1990). Contribuciones al pensamiento. Editorial Sudamericana. Enlace a Silo.net – Nuevo Humanismo
Nota del autor: Este artículo se enmarca en el proyecto Rehuno Salud, que busca humanizar la atención sanitaria desde una perspectiva estructural y dinámica, alineada con los principios del Nuevo Humanismo.

