Las causas de la crítica situación de los bajos niveles del río Paraná, que conllevan graves problemas y consecuencias para las poblaciones costeras y ecosistemas que viven en él. Su salud y subsistencia.

El río Paraná es el segundo río más largo de Sudamérica, con 4880 km de recorrido, luego del río Amazonas. Nace entre los estados de São Paulo, Minas Gerais y Mato Grosso del Sur de la República Federativa de Brasil. Conforma límites entre este país y Paraguay, para luego internarse en la República Argentina. Está vinculado con el acuífero guaraní, una de las reservas más grandes de agua dulce subterránea. En su recorrido une importantes metrópolis en las cuales viven millones de personas. Conforma uno de los humedales más extensos, con mayor diversidad de especies y de mayor importancia de América y es atravesado en su recorrido por 50 represas, para generación de energía.

En lo que conocemos de la historia del río, y debido a su régimen de lluvias (pluvial), éste pasó por periodos de inundaciones y sequías (altas o bajas). Según los expertos, el río viene encogiéndose desde 2019 a niveles de estiaje como los de los años 40.

La diferencia es que el escenario actual ha cambiado. En Brasil, más específicamente en el Amazonas, favorecida por el accionar gubernamental, se ha producido la deforestación de grandes extensiones para destinarlas a la producción agrícola.

Hay datos concluyentes sobre el impacto que provocan la tala de árboles y los incendios forestales amazónicos. El 45% de las emisiones de gases estufa (invernadero) derivan en Brasil de la producción de proteínas animales y granos; en cambio, en otros países del mundo, tales gases proceden del uso de combustibles fósiles.

Por lo que las políticas del presidente Jair Bolsonaro, acentúan el problema, y convierten a Brasil en una amenaza climática, para sí y el mundo

El presidente argentino, Alberto Fernández, afirmó recientemente: “la deforestación de la Amazonia tiene que ver con la bajante del Paraná, porque la deforestación cambió el régimen de lluvias”. Lo que demuestra una preocupación del gobierno argentino, por sus consecuencias también en el sector energético.

El régimen de lluvias que abastece al río se encuentra afectado, pero también hay otras causas que lo influyen: son el aumento de población que se alimenta de sus aguas, el uso de las tierras aledañas y las deforestaciones y quemas de humedales en su recorrido.

Pero el impacto de esta bajante, que ha sido denominada como catastrófica tiene y tendrá impactos en humanos y ecosistemas.

La bajante afecta a la reproducción de los peces, al no poder desovar en los riachos y la laguna, ya que las aguas tienen alto grado de salinidad.

Según una pobladora de la ciudad correntina de Goya «Con la bajante, todos los químicos -mercurio, plomo- se concentran en la tierra de la costa. Cuando el agua vuelva, aquellos peces que chupan barro morirán”

Todos los seres vivos existentes en el ecosistema y las interrelaciones que se forman entre ellos: plantas, animales, los seres humanos y microorganismos, sufren por la falta de agua dulce, pudiendo sufrir graves enfermedades.

Esto nos lleva a analizar lo que sucede en las tierras bañadas por el río Paraná y sus afluentes. Encontramos que desde los periodos de formación geológica han recibido componentes químicos, de origen volcánico. Pero también ha sido la humanidad (empresas y personas) quienes agravaron la situación medioambiental, vertiendo elementos químicos, directa o indirectamente en los ríos.

Los elementos químicos que se vuelcan en ríos y mares hacen que el ecosistema en su totalidad deba ser objeto de estudios por los organismos de control.

Como en el caso del metilmercurio. Según Conclusión (diario virtual) “Si bien en los últimos años las pasteras han moderado su grado de agresión a las aguas, la utilización del mercurio en el proceso de manufactura trajo en varias oportunidades un dolor grande de cabeza”.

El mercurio puede llegar por la atmósfera por medio de las lluvias a las aguas, siendo un potente neurotóxico que puede causar problemas en el neurodesarrollo. Teniendo una toxicidad comprobada en los los riñones y el hígado. En el pescado, el metilmercurio se puede encontrar concentrado, a niveles superiores que a los hayamos en las aguas.

La OMS, ha expresado que el mercurio existe en varias formas: elemental (o metálico) e inorgánico (al que la gente se puede ver expuesta en ciertos trabajos); u orgánico (como el metilmercurio, que penetra en el cuerpo humano por vía alimentaria). Estas formas de mercurio difieren por su grado de toxicidad y sus efectos sobre los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, la piel y los pulmones riñones y ojos

Al respecto la Dra. Garnero investigadora del Instituto de Diversidad y Ecología Animal: “Es un riesgo para el desarrollo del sistema nervioso central en embriones, niños y niñas y personas mayores de 50 años por su gran capacidad de acumulación. Se comprobó que la presencia de mercurio en las dietas de embarazadas puede provocar efectos adversos en el desarrollo del feto”,

Si le sumamos al efecto de la bajante del río Paraná la acción de otros contaminantes, la subsistencia de los ecosistemas se agrava.

Estas consecuencias acentuarán las migraciones por escasez de agua y los efectos de la contaminación en todo el hábitat. No solo de las poblaciones costeras, sino de los animales que no encuentran su sustento. Hay casos en que los animales han vuelto a su entorno natural, para reclamar lo que el hombre les había usurpado. Como la invasión de carpinchos en el delta (zona de desembocadura del Paraná).