Una mirada humanista sobre el parto y el nacimiento

Por Flavia Estevan

Antes de comenzar, queremos hacer un paréntesis sobre el uso del género en esta nota, utilizaremos mujeres refiriéndonos a las mujeres cis, para poder abordar los detalles específicos de sus experiencias con el parto y el nacimiento, reconociendo al mismo tiempo que los hombres trans también dan a luz y que las mujeres trans también son mujeres.

Parto y nacimiento

En el parto y el nacimiento convergen dos experiencias diferentes que suceden al mismo tiempo; el parto es la experiencia de la mujer y el nacimiento es la experiencia del feto que llega al mundo.

Ambas experiencias involucran cuerpos, emociones y sensaciones, y el parto y el nacimiento ocurren bajo determinantes sociales, culturales e históricas.

Trataremos de hablar brevemente sobre algunas variantes históricas y culturales y sobre todo de compartir una visión sobre el tratamiento que el cuerpo de las mujeres han estado recibiendo en este proceso.

Hasta el siglo XX el parto estaba dentro de un repertorio de situaciones vividas en la esfera doméstica y comunitaria. Las mujeres daban a luz entre mujeres, generalmente en sus casas, y de esta manera mantenían su ropa, su comida, su entorno familiar y su identidad.

La obstetricia como especialidad médica en Occidente llevó progresivamente los nacimientos a las instituciones hospitalarias y esto se consolidó a partir de los años 50, especialmente en las sociedades urbanas.

La inserción del parto entre las especialidades médicas ha cambiado la comprensión de que el parto es una experiencia humana. El profesional que acompaña el parto empezó a tener el papel de protagonista, bastante motivado para hacer algo frente al «sufrimiento» de una mujer.

Ha sido una demanda de los movimientos feministas en la salud, desde los años 60, la reanudación de la autonomía sobre nuestros cuerpos. También es necesario recuperar la confianza tanto de las mujeres como de los profesionales de la salud sobre la capacidad que tenemos de parir y que los bebés tienen de nacer.

¿Cuál es la mirada humanista sobre el parto y el nacimiento que debemos lanzar hoy?

Una visión humanista debería incluir la superación de las prácticas de violencia obstétrica que incluyen ofensas, tortura psicológica, violencia física y sexual durante el parto, y procedimientos rutinarios que se realizan todos los días en todo el mundo y que son violentos; como el uso de sustancias químicas para acelerar el parto, mantener a las mujeres acostadas y sin alimentos, maniobras como empujar el fondo del útero, realizar cortes vaginales y cesáreas sin necesidad. Todas estas prácticas no tienen ningún respaldo científico, al contrario, están en contra de las recomendaciones.

Debemos trabajar por el ideal de que todos los nacimientos sean experiencias respetuosas y seguras. Es necesario garantizar el acceso a los derechos sexuales y reproductivos de todas las personas del mundo, asegurando así que los nacimientos que se produzcan sean deseados.

Humanizar es trabajar día y noche por la mejor experiencia posible de parto, tener los recursos necesarios, que son sobre todo invertir en profesionales calificados, bien remunerados, con horarios de trabajo dignos y que puedan estar en permanente reflexión y tener acceso a herramientas para superar la violencia interna y con los demás.

Humanizar es cuidar la mirada que ponemos en el parto y el nacimiento, si nuestra mirada es juiciosa, rígida y queremos que el parto se ajuste a nuestros tiempos, a nuestras agendas y a nuestros protocolos, inevitablemente atropellamos a las mujeres y les faltamos el respeto a su autonomía.

Cada parto y cada nacimiento es una aventura hacia lo desconocido, una intención lanzada al futuro, una condición de origen. Es el comienzo de la vida de alguien y el renacimiento de una mujer y una familia, por lo tanto un momento sagrado y sublime.

Como profesionales de la salud, asumamos la responsabilidad de acompañar estos procesos, dando lo mejor de nosotras y nosotros mismos, para estar a la altura de esta grandiosa misión que se nos ha sido encomendado. Como dijo el escritor, poeta y médico brasileño João Guimarães Rosa, «Un niño nació, el mundo ha comenzado de nuevo».

En un mundo que necesita empezar de nuevo de tantas maneras, tal vez ahí tengamos una pista.

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