Atendamos a las prioridades

Es conveniente, de vez en cuando, revisar nuestras prioridades para ver si realmente estamos empleando nuestro tiempo y nuestra energía en proporción a esas prioridades. De no ser así, seguramente sentiremos que en nuestra vida cotidiana algo no anda bien, aunque no sepamos qué es. Revisar las prioridades nos puede desvelar el motivo de ese desencaje.

Por Jordi Jiménez

Podemos hacer un ejercicio práctico. En una hoja apuntamos todos aquellos aspectos que nos interesan y en los que nos ocupamos en nuestra vida cotidiana. Los amigos, los estudios (si es el caso), la pareja, otras relaciones, la familia, los hijos, las aficiones, proyectos, otras actividades… cada uno apuntará todo aquello a lo que se dedique o le gustaría dedicarse. Se pueden hacer más o menos categorías, según las circunstancias de cada uno. 

¿Qué es para mí lo más importante en este momento?

Después hay que ordenar toda esa lista por prioridades en base a una pregunta así. ¿Qué es para mí lo más importante en este momento? En muchos casos tendremos que hacer varias listas, cambiando el orden de unos y otros elementos, hasta que ese orden de prioridades nos encaje bien, lo sintamos verdadero e interesante. En caso de duda ante dos elementos, podemos preguntarnos, por descarte, qué pasaría si quito uno de ellos y qué pasaría si quito el otro. Lo que sienta como una mayor pérdida es lo que va antes en la escala de prioridades.

Una vez hecho esto, y no antes, hago otra lista con el tiempo que dedico semanalmente a cada actividad. Cuánto tiempo dedico a los amigos, cuánto a los estudios (si es el caso), cuánto a la pareja, a la familia, a las aficiones, a los proyectos, etc. Podemos excluir de esta lista el tiempo dedicado al trabajo (si es que trabajo) ya que es algo de lo que depende nuestra supervivencia y tal vez no podamos modificar ese tiempo dedicado, aunque también es interesante si lo incluimos y vemos la gran desproporción que puede haber entre el tiempo dedicado a eso y mis prioridades reales. En cualquier caso, voy apuntando un tiempo aproximado de cada actividad semanal, o tal vez diario si hago muchas cosas cada día. De aquí saldrá otra lista ordenada de más a menos tiempo dedicado a cada actividad. No importa si la escala temporal es semanal o diaria, porque lo importante será el orden de esas actividades, es decir, a qué le estoy dedicando más tiempo y a qué menos tiempo en general.

Al comparar esas dos listas (prioridades y tiempo dedicado) podré ver el origen de algunos desencajes o de algunos sinsabores en mi vida diaria, ya que encontraré cosas que para mí son prioritarias a las que no estoy dedicando mucho tiempo, y otras que no lo son a las que les dedico demasiado tiempo. Si dejamos al margen el tiempo dedicado al trabajo, podemos tratar de organizarnos el resto del tiempo que dedicamos realmente a las distintas actividades para que encaje el orden de nuestras prioridades y nuestras aspiraciones. Será un avance en el criterio de realidad y un paso más hacia una vida más consciente y, sobre todo, coherente. 

Esos desencajes que sentimos no son más que registros de contradicción, ya que estamos haciendo cosas que no sentimos ni pensamos que sean importantes. Al poner todo esto en claro ganaremos en coherencia y nos sentiremos más fuertes, alegres y en paz con nosotros y con el mundo.

Nos gustaría leer y responder tus comentarios sobre la práctica propuesta en este artículo, puedes escribirnos a: rehuno.salud@gmail.com 

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