La vejez es esa etapa de la vida en la que, decididamente, se está más cerca de partir de este mundo. Un buen momento, también, para preguntarse por uno mismo y su identidad esencial. Considerar al propio cuerpo como el amigo que nos acompaña, pero sentir que no somos el cuerpo, sino que éste es un regalo de la naturaleza que nos permite la expresión en el mundo, es una visión que abre el futuro.

Por Cloty Rubio

Si en nuestras creencias el futuro se acaba cuando el cuerpo muere, es una buena ocasión para revisarlas e intentar ver la vida desde diferentes perspectivas en cuanto a su significado y valor. Es prioritario reflexionar y buscar en nuestra experiencia en la vida aquello que sentimos como la propia realidad esencial y sagrada. Podemos tirar de ese hilo para aventurarnos en el conocimiento de nuestra alma. Aprender a escuchar la voz amiga de nuestro interior, esa voz que sabiamente nos explica que no hay nada que temer y que todo irá bien.

¿Acaso en el corazón hay guías dispuestos a ayudarnos y corresponde a cada ser humano establecer contacto con ellos? Se ha hablado de orar, de pedir, de agradecer. Los pueblos hacen esto desde muy antiguo. La medicina nos alivia el cuerpo, ¿qué o quién aliviará el alma? ¿Y quién nos guiará por las nuevas regiones de la mente, que no conocemos? El mejor regalo que podemos obtener es el despertar de la fe en el sentido de la vida. Llegar a percibir que venimos de un lejano Hogar, origen de nuestro ser y que allí regresaremos. Captar el valor de nuestra vida, esto es: todo lo bueno, constructivo y verdadero, lo que nos ha dado la Unidad Interna.

Necesario es recordar la unidad interna, ella está guardada en la memoria. Hay que reconocerla e inspirarse en ella para hacerla crecer. La podemos detectar, sin equivocarnos, por la sensación de paz y acuerdo con uno mismo que la caracteriza. También necesitaremos reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás. Este es un acto de gran valentía porque supone una total aceptación. Pero al hacerlo, la paz y la suave alegría soplarán como el aire fresco de una esperanza nueva.

Si creemos que la vida se pierde, que lo perdemos todo, la tristeza será inevitable. Si en cambio, miramos a la vida con agradecimiento por lo aprendido y nos damos cuenta de que lo más importante forma ya parte de nosotros, se abrirá el futuro.

 

El sentido que dan las flores en su aroma y sus colores, ese que brilla en las estrellas, ese que te conmueve en la puesta de Sol. Ese que celebras con tus seres queridos, ese que se trenza en la espiga solidaria de la construcción humana.  La alegría, los amigos, el esfuerzo, la generosidad, el trabajo en la tierra, el afecto, el cariño, el amor pleno y radiante… Todo esto no es en vano, es un anticipo, una señal y el camino a tu Hogar.